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Miércoles, 30 de marzo de 2005
Yo, me declaro defensor a ultranza de la práctica política de ALTO NIVEL.
El oficio político bien ejercido es un servicio al ciudadano de primera.
El trabajo realizado escuchando a las ciudadanos es gratificante para todos e ilusiona a participar cuando aprecias que tus propuestas coherentes son realizadas y te sientes útil por dedicar desinteresadamente el tiempo libre a un trabajo comunitario y social.
Unido a esta declaración de principios, ajunto el siguiente artículo para tratar de mantener viva la esperanza.
EN DEFENSA DE LA POLÍTICA
• Parece que lo inteligente y moderno sea considerar a todos los políticos moralmente equívocos
ROSA REGÀS
ESCRITORA Y DIRECTORA DE LA BIBLIOTECA NACIONAL
En el último año se ha puesto de moda desprestigiar a la clase política. No sólo los ciudadanos y los medios arremeten a todas horas contra ella, sino también los gurús de la opinión de este mundo nuestro tan mediatizado, sean de extrema derecha, derecha o izquierda, o los que se llaman a sí mismos independientes y progresistas. Una grosera generalización que repiten incansables en prensa, radio y televisión y que va calando en la ciudadanía como si en ello les fuera el prestigio, como si les avergonzara conceder algún logro a un político y lo inteligente y moderno fuera considerarlos a todos moralmente equívocos.
Una generalización que se da también en la judicatura, donde un juez corrupto extiende su ignominia a la profesión entera. "¡Esos políticos son todos iguales!", oímos decir cuando alguno de ellos afirma que está en política para enriquecerse. "¡Esos jueces...!", decimos con desprecio al enterarnos de que un juez absuelve a un violador.
No ocurre lo mismo con los empresarios, con los médicos, ni siquiera con los constructores. Que un empresario evada impuestos con facturas falsas o tenga una plantilla de trabajadores sin papeles a los que no paga el sueldo mínimo interprofesional ni cotiza por ellos en la Seguridad Social no afecta --con razón-- al colectivo de empresarios, que sigue gozando de un renombre envidiable. Igual que los médicos a los que acuden los enfermos aunque se sepa que uno o varios cometieron faltas graves de inexperiencia o irresponsabilidad. Y ¿qué decir de los constructores, los banqueros y los periodistas? Emergen estafas y manipulaciones sin que se descalifique a la totalidad de la profesión. Es más, cuando ocurre un descalabro debido al afán de lucro de una constructora, no se la hace responsable a ella, sino que inmediatamente se culpa a los políticos de turno.
Se me dirá que los políticos y los jueces trabajan por el bien público. Y es cierto. Pero ¿acaso no lo hacen también los médicos, constructores de obras públicas, catedráticos, funcionarios y tantísimos otros que no ven manchada su profesión, aunque alguno de ellos sea irresponsable, perezoso, manipulador o incluso estafador y ladrón?
Los políticos proceden de la sociedad, por tanto son una muestra de lo que ella es, aunque, como en todas las profesiones y trabajos, hayan pasado por un tamiz que ha seleccionado a los más dotados o a los que se supone que están mejor preparados. La sociedad es una amalgama de gente honesta y deshonesta, trabajadores y haraganes, inteligentes y bobos, legalistas y delincuentes, fascistas y progresistas, maltratadores y respetuosos con los derechos humanos, que cobran comisiones y que no las cobran, incluso ladrones y asesinos hay en ella. Y, aunque tantos lo olviden, también hombres y mujeres.
NO HAY DUDA de que la insistencia en el desprestigio es consecuencia de un esnobismo tan desganado como superficial, pero también de nuestra falta de compromiso y atención hacia lo que está ocurriendo, porque ya se sabe cuánto más fácil es la descalificación general que la crítica atenta a un extremo determinado que exige conocimiento y análisis de los hechos. Sin olvidar la nefasta influencia que ejerce la feroz campaña emprendida por la derecha que ha pasado del poder a la oposición --en Catalunya y en España-- y que no parece tener la educación política suficiente para creer en pactos similares a los suscritos por ella en su momento ni para convencerse de que esta vez la mayoría de los ciudadanos no la ha elegido.
Y es que una parte de esa derecha y sus secuaces es demócrata cuando gana las elecciones pero no en la oposición, donde al precio que sea sólo trabaja en el acoso y derribo de un Gobierno al que considera "usurpador".
Por: Antonio Pulido Ruiz | Nacional | Comentarios (0) | Referencias (0)